El recuento de evacuación, sin lista y sin cantar nombres
El punto de reunión es una geocerca más. Cada reloj que entra en ella suma solo, así que cuando llega el último el recuento ya está cerrado. Y quien no llega no hay que echarlo en falta, aparece en la pantalla con su nombre y con la última posición en la que se le vio.
posición cada 3 s durante la evacuaciónrecuento cerrado al entrar el último

Veinte minutos con una lista en la puerta
Nadie defiende el recuento en papel. Se hace así porque es lo que hay, y porque el día que se prueba es un simulacro con buen tiempo y todo el mundo avisado.
El problema no es que se tarde, es que al terminar no se sabe si el número es verdad.
La lista es de esta mañana
La contrata que entró a las once no está en ella. Y quien fichó a las siete y se marchó a las dos sí que está, va a faltar en el recuento toda la tarde, y nadie sabe si es que se fue o es que no ha salido.
Se canta un nombre y contesta el de al lado
Sin mala intención: hay ruido, hace frío y todo el mundo quiere acabar. Basta un sí de más para cerrar un recuento que no es cierto.
Dos salidas son dos listas
Cada una con su responsable y su papel. Hasta que alguien las junta y las cruza a mano, no hay un número, hay dos mitades.
Y cuando por fin falta uno, falta el dato que importa
La lista dice quién no ha contestado, no dice dónde estaba cuando sonó la sirena, que es lo único que sirve para ir a buscarlo.
Lo que la norma da por hecho
El artículo 20 de la Ley 31/1995 obliga a analizar las posibles situaciones de emergencia, a designar al personal encargado de la evacuación y a comprobar periódicamente que aquello funciona. No dice cómo, y por eso el papel cumple sobre la mesa.
Para las actividades del anexo I del Real Decreto 393/2007 —donde entra buena parte de la industria química y de los establecimientos con riesgo de accidente grave— el simulacro tiene además una periodicidad mínima anual.
Comprobar que funciona es, en la práctica, medir cuánto se tarda en saber que están todos. Con una lista en la puerta, ese número no lo tiene nadie: se sabe que el simulacro se hizo, no lo que costó cerrarlo.
Cómo se cuenta solo
No hay nada que fichar. El punto de reunión se dibuja una vez en el plano, como se dibuja cualquier otra zona, y a partir de ahí el recuento es una consecuencia de que la gente llegue.
Declarada la evacuación, cada reloj pasa a mandar su posición cada tres segundos. El servidor la cruza con la geocerca del punto de reunión y el marcador sube mientras van entrando.
Al trabajador se le dice por dónde salir
El reloj le da la ruta al punto de reunión: flecha, metros que quedan y aviso cuando llega. No hay que localizar a nadie para decirle a dónde ir, ni contar con que se sepa de memoria cuál de los dos puntos le toca.
El que falta aparece solo
Con nombre, contrata y última posición conocida. Nadie tiene que darse cuenta de que falta ni acordarse de que hoy había una contrata más: si no ha entrado en la zona, está en la pantalla.
Y se sabe si responde
Si el reloj detecta una caída, pregunta. Si no hay respuesta en veinte segundos, lanza el SOS él solo. Que no conteste es, en sí, un dato, el equipo sale hacia un sitio concreto en vez de a buscar por la planta.
Lo que esto no hace
El sistema cuenta a quien lleva un reloj. La visita que entra dos horas con un acompañante no sale en el recuento, y eso sigue siendo asunto del control de accesos: lo que aquí se resuelve es la plantilla y las contratas, que es donde está el volumen y donde el papel falla.
Tampoco sustituye al plan de autoprotección ni al jefe de emergencia. No decide nada, le da a quien decide el dato que hoy no tiene mientras decide.
Y hoy se despliega donde no hay atmósfera explosiva —obra y montaje, talleres, almacenes, viales, intemperie—, con relojes Android estándar. Para zonas clasificadas el camino es hardware certificado ATEX de terceros con la misma app, donde cambia el reloj, no el sistema.
Míralo con tu planta delante
La maqueta es la sala de control funcionando: se lanza una evacuación y el marcador sube mientras la gente entra en el punto de reunión, con el reloj de un trabajador al lado cambiando a la vez.