De la alerta al parte del incidente
Cada alerta lleva su hora de detección, quién se hizo cargo, qué se hizo y a qué hora, dónde estaba y por dónde pasó, y quién miró qué. Sin reconstruir nada después y sin depender de que alguien se acuerde.
hasta que lo vio el relojhasta el reconocimientohasta la resolución

Nadie pregunta si el reloj lo detectó
Eso se da por hecho a los cinco minutos de la reunión. Lo que se pregunta después, y lo que hay que poder contestar, es otra cosa.
Y se pregunta en el peor momento, cuando ya ha pasado algo y con alguien delante tomando nota.
¿A qué hora se enteró la sala?
No a qué hora ocurrió, que eso lo sabe el reloj. A qué hora hubo alguien delante de la pantalla que lo vio y se hizo cargo. Entre las dos horas hay un hueco, y ese hueco es lo que se mide cuando se revisa una respuesta.
¿Quién lo llevó?
Una alerta que está abierta y no tiene dueño es una alerta que todo el mundo da por hecho que está mirando otro. En un turno con tres personas en sala y catorce avisos en la jornada, «me pareció que lo llevabas tú» no es una anécdota.
¿Qué se hizo, y en qué orden?
Se le llamó, no contestó, se mandó un equipo, avisó enfermería, se avisó a su contrata. Cada paso con su hora y con quién lo hizo. Reconstruirlo al día siguiente a base de preguntar es exactamente donde se pierden los detalles que importan.
¿Y por qué saltó eso?
Seis meses después, alguien pregunta por qué el sistema abrió una alerta grave aquel martes. La respuesta tiene que ser el hecho que entró y la regla que lo evaluó, con los umbrales que tenía puestos ese día, no la memoria de nadie.
¿Dónde estaba, y por dónde fue?
El mapa de hoy no sirve para explicar el de aquel día. Dónde estaba cuando saltó, con qué precisión lo sabía el GPS, y por dónde se movió mientras la alerta estuvo abierta, son lo que contesta por qué el equipo tardó lo que tardó en encontrarle.
Cada alerta tiene su ficha, y no hay que montarla
Todo lo que hay aquí estaba pasando de todos modos. Lo que cambia es que queda escrito en el momento, con su hora y con su autor, en vez de reconstruirse al día siguiente.
Los tiempos con los que se mide una respuesta
Cuánto tardó alguien en hacerse cargo, y cuánto duró el incidente de principio a fin. Son los dos números que convierten «comprobar periódicamente que aquello funciona» en algo que se puede enseñar, y son la misma clase de dato que la página de evacuación pide para el simulacro.
Y entre las dos, cuando el aviso va también a la muñeca, si el reloj llegó a confirmarlo. Que la sala se entere y que el trabajador se entere son dos momentos distintos, y la ficha los guarda separados.
Mientras nadie la reconoce, la alerta lo dice con esas palabras. Un contador que corre y nadie mira es peor que no tenerlo.
Y ocho formas de dejar constancia
No es un campo de texto libre donde cada turno escribe como quiere. Cada actuación tiene su tipo, y por eso después se puede contar cuántas veces se mandó un equipo o cuántas acabaron en falsa alarma.
- Llamada al trabajador
- Subcontrata avisada
- Equipo enviado
- Atención médica
- Falsa alarma
- Comentario
- Asignación
- Cambio de estado
Dónde estaba cuando saltó, y por dónde pasó
La ficha guarda el punto en el que estaba en el momento del aviso, con la precisión que tenía el GPS en ese instante al lado, y el recorrido mientras la alerta estuvo abierta. Se recorre con una barra de tiempo, y cada actuación de la cronología es una marca en esa barra.
Un punto sin su error es una mentira pequeña
Al lado de «dónde estaba» va siempre la precisión con la que el GPS lo sabía en ese instante, seis metros, cuatro, lo que fuera. Un equipo que sale hacia un punto tiene que saber si ese punto es una arqueta o una nave, y quien revisa el incidente después, también.
Quién había cerca, sin dibujar a nadie
En las alertas críticas, la regla anota quién había a menos de cien metros según su última lectura, con los nombres de ese momento. Se guarda la distancia, no dónde estaba cada uno, y quien estuviera en una zona de privacidad no cuenta, porque su posición no se registra. Es la diferencia entre saber a quién se pudo llamar y un plano con toda la plantilla dibujada.
Cuánto se guarda depende de lo grave que fue
No todas las alertas dejan el mismo rastro, y la ficha lo dice debajo del mapa. En un aviso, el recorrido se corta a la hora de abrirse: es lo que hace falta para entender qué pasó y nada más. En una alerta crítica se conserva entero, como prueba del incidente, porque es el material del parte y borrarlo sería quitarle a la investigación lo único que no se puede reconstruir.
Y si fue una zona, cuánto tiempo estuvo dentro
Cuando la alerta es de zona, la ficha añade a qué hora entró, a qué hora salió, cuánto estuvo y si tenía permiso. El tiempo dentro se guarda esté autorizado o no, porque media hora en una zona con permiso también es exposición, y es el dato que la página de permisos de trabajo promete acumular por persona.
Y quién miró el pulso, que es la pregunta de la inspección
Durante una emergencia el equipo que va a atender a esa persona ve sus constantes. Es la única constante en crudo que sale de la muñeca, y está justificada, pero que esté justificada no quita que haya que poder decir quién la miró.
Queda registrado con nombre, con la primera y la última consulta y con cuántas veces. Y no hay segunda puerta, el panel no puede leer esos datos por ningún otro camino, porque una segunda puerta convierte el registro en decoración.
Y solo en las críticas. En un aviso, una entrada en zona, un permiso vencido, el reloj ni enciende el sensor de pulso, y la ficha lo dice con esas palabras: es de lo que más batería gasta, y quien puede estar inconsciente es quien provoca un SOS o una caída, no quien ha cruzado una línea.
Es la vuelta de la promesa que hace el resto de la web. Ahí se cuenta lo que la empresa no ve; aquí, que lo poco que sí ve deja rastro.
Qué queda cuando la alerta se cierra
La serie de pulso se borra al resolver, y esa promesa no se toca. Lo que queda es un resumen, cuántas medidas hubo, entre qué valores, la última y si en algún momento el reloj dejó de tocar piel. Sin eso, revisar un incidente cerrado sería a ciegas, y con la serie entera guardada habría un registro de salud rondando por ahí sin motivo.
Y cada medida es ya la mediana de una muestra del reloj, no una lectura suelta: el sensor óptico da valores disparatados al mover el brazo, y un pico que no existió es peor que ninguna cifra.
Lo que esto no hace
No es el parte oficial del accidente. Es la línea de tiempo de la respuesta. La investigación, la notificación y el parte que exige la normativa siguen siendo de tu servicio de prevención, y esto es material para hacerlos, no un sustituto.
Nada se clasifica solo. Que algo fuera una falsa alarma lo escribe una persona y queda con su nombre al lado. El sistema fecha y ordena, pero no juzga, y un sistema que dijera por su cuenta que un aviso no era nada sería exactamente el que nadie debería instalar.
Y solo registra lo que pasa por el panel. Una llamada de radio que nadie anota sigue sin existir. Lo que esto quita es la reconstrucción de lo que sí se hizo desde el panel, no la disciplina de anotar lo que se hace fuera de él.
Míralo con tu planta delante
En la maqueta puedes provocar una caída y ver cómo entra la alerta en la sala. La ficha completa, con los tiempos, el recorrido y la cronología, es lo que enseñamos en la reunión con el panel de verdad delante.