El vial de tu planta no tiene acera
El conductor no ve por detrás y el que va a pie está mirando su trabajo. Quien se sube a un vehículo lo declara desde su reloj, y a partir de ahí al que va a pie por delante le vibra la muñeca antes de que el otro lo vea.
radio configurableaviso en la muñeca del peatón

Cincuenta años de medidas que dependen de que alguien mire
El espejo, la baliza, el paso pintado y el chaleco funcionan. Ninguno se ha puesto por gusto y ninguno sobra.
Lo que tienen en común es que los cuatro necesitan que una persona, en un segundo concreto, esté mirando en la dirección correcta.
El conductor no ve por detrás, y no puede
Una carretilla elevadora marcha atrás tiene el mástil delante y la carga tapando media vista. Un camión articulado tiene un ángulo muerto que no se arregla con más espejos. No es un descuido del que conduce, es la máquina.
La señalización supone que la estás leyendo
El paso de peatones pintado, la valla y el cartel de vial funcionan con quien va mirando dónde pisa. Quien cruza cargado, hablando por radio o buscando una brida, no los ve, y son exactamente los mismos que llevan veinte años en la misma pared.
El chaleco funciona de día y a cierta distancia
A veinte metros y con luz, un chaleco se ve. A cinco metros, saliendo de detrás de un contenedor, en un turno de noche o con lluvia, la reflectancia llega tarde. Y el que la tiene que aprovechar es el que va conduciendo, no el que va a pie.
Y el relevo junta a todo el mundo en el vial
La media hora del cambio de turno mete en los mismos viales a los que salen a pie, a los que entran y a los vehículos que aprovechan la parada para mover material. Es la franja con más tránsito del día y la que menos se vigila.
El radio lo pones tú, y va con el vehículo
No es una zona dibujada en el mapa. Es una distancia que se mueve con el vehículo, así que cubre todo el recorrido y no solo los sitios que a alguien se le ocurrió señalizar.
El radio y la velocidad a la que se pregunta se editan desde ajustes, como las otras seis reglas, sin tocar ni un reloj. Un vial ancho de exteriores y una nave estrecha no piden el mismo número.
Lo declara él
Quien se sube a un vehículo lo dice desde su reloj con un toque. Desde ese momento el sistema deja de tratarlo como un peatón y pasa a tratarlo como lo que es, una cosa que circula.
Y si se le olvida, se le pregunta
Si un reloj empieza a moverse a una velocidad que no es la de andar, el servidor le pregunta en vez de darlo por hecho. Ir de pasajero en un remolque no es conducir, y dar por sentado que sí pondría a vibrar los relojes de todos los que pase.
El servidor mide la distancia
Con cada posición que llega, el motor de reglas cruza dónde está ese vehículo con dónde está cada persona que va a pie. No lo decide ningún reloj por su cuenta, igual que no decide un SOS ni una caída.
Y avisa al de a pie, no al de dentro
Al entrar en el radio le vibra la muñeca al peatón, con la razón escrita, y entra el aviso en la sala. Al de dentro de la cabina no se le distrae con nada, porque un conductor mirándose el reloj es un problema nuevo.
Preguntar de más tiene un coste, así que la velocidad se filtra donde se mide. Ensayado sobre 258 lecturas reales con el reloj quieto encima de una mesa, la lógica anterior habría preguntado trece veces y la de ahora ninguna.
Lo que le llega no es un pitido
Un pitido lo mismo puede ser una llamada, un mensaje o una zona. En una planta con ruido, el trabajador tendría que levantar el brazo y leer, y en un vial eso ya es tarde.

El aviso de vehículo tiene su propio sonido y su propia vibración, distintos de los de una zona o los de un mensaje de la sala. La muñeca es un idioma, y dos avisos que suenan igual valen menos que uno solo.
En pantalla sale qué pasa y qué hacer, con el motivo debajo. Y el trabajador pulsa recibo, así que en la sala consta que el aviso llegó, no solo que se mandó.
La vibración va atada al periodo de calma de la regla. Sin eso, cada lectura de posición mientras el camión pasa sería otro aviso en la muñeca, y un reloj que vibra sin parar se acaba ignorando.
Lo que esto no hace
Avisa, no frena. No es un sistema anticolisión, no actúa sobre el vehículo y no le quita el control a nadie. Lo que hace es que el de a pie se entere antes, y la maniobra sigue siendo de quien conduce.
Funciona con la precisión de posición que hay, que al aire libre son unos metros y bajo cubierta bastante peor. Por eso el radio se configura por planta en vez de venir fijado de fábrica, y por eso conviene ajustarlo con el vial delante y no desde un despacho. Si lo que hace falta es precisión de centímetros dentro de una nave, eso es radio de banda ultraancha, otro hardware y otro proyecto.
Y solo ve vehículos cuyo conductor lleva reloj. El camión de un transportista que entra a descargar no está en el sistema, igual que la visita de una hora no está en el recuento. Es la misma condición de siempre, y por eso el reloj se reparte a la plantilla y a las contratas que van a estar dentro.
Hoy se despliega donde no hay atmósfera explosiva. Para zonas clasificadas el camino son relojes certificados ATEX de fabricantes especializados con la misma app, donde cambia el reloj y no el sistema.
Míralo con tu planta delante
En la maqueta hay un escenario que se llama «camión en la vía». Lo lanzas tú y ves las dos puntas a la vez, el camión entrando por el acceso oeste sobre el plano y lo que le sale en la muñeca al que va a pie.