Si no pasa nada, nadie ve dónde estás
Un reloj que sabe dónde estás es una herramienta de control hasta que se demuestre lo contrario. Por eso cuánto ve el panel es un ajuste, y en el más estricto no ve a nadie: quien pide ayuda aparece mientras la necesita, y si alguien quiere verte sin motivo de alarma, lo pide, lo aprueba otro, consta, y tu reloj te lo dice.
nivel de privacidad configurabletodo lo que se ha visto, registrado

Es la objeción número uno, y llega antes que el presupuesto
Llega siempre por el comité de seguridad y salud o por la representación sindical, y llega con razón.
No se contesta con una política firmada. Se contesta con cuatro preguntas concretas que tienen que tener respuesta antes de repartir el primer reloj.
¿Quién me ve?
Un punto por persona en una pantalla, ocho horas al día, es la definición de control aunque nadie lo mire. La pregunta no es si el panel puede, es si lo hace cuando no pasa nada.
¿Y cuándo?
Una cosa es que la sala sepa dónde estás cuando has pulsado SOS y otra que lo sepa a la hora del bocadillo. Sin esa diferencia escrita, la herramienta de seguridad y la de vigilancia son la misma.
¿Quién lo decide?
Si ver a alguien depende de una sola persona con acceso al panel, la política vale lo que valga esa persona ese día. Lo que tranquiliza no es la norma, es que haga falta más de uno.
¿Y cómo lo compruebo yo?
Todo lo anterior son promesas de la empresa. La única que no lo es es la que el propio trabajador puede ver en su muñeca, sin pedírsela a nadie.
El nivel lo eliges tú, y el motor vigila igual en todos
Cuánto ve el panel de dónde está cada persona cuando no pasa nada es un ajuste de la planta, no una condición del producto. En «supervisión continua» ve la posición de la plantilla durante la jornada. En «solo en emergencia» no ve a nadie. Las reglas se evalúan exactamente igual en cualquier nivel: ver menos no protege menos.
La diferencia no está en lo que el sistema sabe, que es lo mismo, sino en lo que enseña y a quién. Esta página cuenta el nivel más estricto, porque es el que contesta la objeción, y ahí cada vez que el panel enseña algo hay una razón escrita al lado.
La planta configura el nivel, y el cambio queda escrito
Es un ajuste de la configuración inicial, y se decide mirando a la representación. Se puede cambiar después, pero no en silencio: quién lo cambió, cuándo y a qué nivel queda en el registro. Es la entrada más grave que tiene.
Si salta una alerta, esa persona aparece
Un SOS, una caída, una evacuación, un permiso vencido con alguien dentro. El motor de reglas vigila igual en todos los niveles, y cuando abre una alerta, esa persona y solo esa sale en el plano mientras la alerta dura. Al resolverse, desaparece del plano; lo que queda es la ficha de la alerta, con su recorrido de mientras estuvo abierta.
Ver a alguien sin que pase nada se pide
A una persona, a un grupo o a toda la plantilla. Con un motivo escrito, por un tiempo acotado, y lo aprueba otra persona distinta de quien lo pide. Cuando pasa el tiempo, caduca solo.
Y el reloj se lo dice a quien está siendo visto
El anillo de estado de su esfera se pone en azul con un ojo dentro, y debajo de su nombre pone quién le ve y cuántos minutos quedan. No se puede ver a nadie a escondidas ni con permiso: el trabajador se entera en el mismo momento que la sala.
Del plano desaparece; de la ficha de la alerta, no del todo. Ahí queda el recorrido de mientras estuvo abierta, y cuánto depende de lo grave que fue: en un aviso se corta a la hora de abrirse, en una alerta crítica se conserva entero como prueba del incidente. En las críticas se anota también quién había a menos de cien metros, la distancia y no dónde estaba cada uno.
Las zonas de privacidad que se marquen en el plano, vestuarios, comedores, no se registran en ningún nivel. El nivel decide lo que ve el panel; esas zonas no las ve nadie, ni salen en el recorrido de una alerta, ni cuentan para saber quién había cerca.
Lo único que no es una promesa
Todo lo de arriba lo dice la empresa. Esto lo dice el reloj, en la muñeca de quien está siendo visto, sin que tenga que pedírselo a nadie.

Cuando una petición de ver a alguien se aprueba, el anillo de estado de su reloj, el mismo que se pone en verde, ámbar o rojo según lo que pasa, se pone en azul con un ojo dentro, y debajo de su nombre pone quién le ve y cuántos minutos quedan. En azul y no en ámbar ni en rojo: no es un aviso de riesgo, es información. Y el SOS sigue donde estaba.
No hay manera de verte sin que lo sepas. Con permiso, te lo dice el reloj. Por alerta, ya lo sabes: has pulsado SOS o te has caído, y que la sala te vea es justo lo que hace falta.
Es la pieza que convierte una política en algo que se puede comprobar. Un delegado con un reloj en la muñeca no tiene que fiarse de nadie.
Y tus constantes son tuyas
Con el pulso pasa lo mismo que con la posición, y se diseñó antes. El trabajador ve sus constantes en su muñeca, siempre. La empresa no: en operación normal el reloj evalúa las reglas de salud en el propio dispositivo y solo envía la alerta, así que las constantes no salen de la muñeca.
Solo cuando hay una emergencia activa, un SOS o una caída detectada, el equipo de intervención ve las constantes de esa persona, mientras dura la alerta, únicamente esa persona, y con cada acceso registrado. Al resolverse, se corta la transmisión.
Un aviso de calor dice que alguien tiene que parar, no cuánto ha parado. El sistema no registra rendimiento, ritmo ni tiempos de descanso, en ningún nivel.
Todo lo que se ha visto, escrito
Cada petición de ver a alguien queda en el registro con quién la pidió, a quién, con qué motivo, quién la aprobó, cuánto duró y cómo terminó. Cada cambio de nivel, con quién lo cambió y cuándo. Y cada acceso a las constantes de alguien durante una alerta.
No es un informe que se genera cuando alguien lo pide. Es la lista tal cual, y es la que se enseña a la representación cuando pregunta. Si el registro de un mes dice «nadie ha pedido ver la posición de nadie», eso es lo que ha pasado.
Una política de privacidad se firma una vez. Un registro se puede leer cada mes.
Lo que esto no promete
No promete que la empresa no pueda verte. Puede elegir la supervisión continua, y puede pedir verte en el nivel más estricto. La ley se lo permite con condiciones, y las condiciones son exactamente las de arriba: información previa, motivo, proporción y registro. Lo que promete es que no puede hacerlo sin que conste y sin que tú lo sepas.
Está diseñado para pasar el filtro del RGPD y el del comité, no para sustituirlos. Lo que la ley pide para geolocalizar a una plantilla, informar antes, tener un motivo, no ver más de lo necesario y dejar constancia, el sistema lo hace por defecto, sin que nadie tenga que acordarse. La evaluación de impacto la firma tu empresa, y cuando toque hacerla las respuestas ya están en el sistema.
Y no sustituye a la representación. Nada de lo que hace el sistema exime de informar y consultar a quien la ley dice que hay que informar y consultar antes de repartir el primer reloj.
Míralo con tu comité delante
Lo mejor que se puede hacer con esta página es no leerla: llevar un reloj a la reunión, pedir ver a quien lo lleva puesto y que sea él quien cuente lo que ha salido en su muñeca.